Octubre de 1948: Barcelona está inmersa en la época más oscura de la
postguerra. El inspector Miquel Mascarell, protagonista de Cuatro días
de enero y Siete días de julio, vive ahora con Patro, la chica de 29
años que conoció durante la investigación del caso anterior, cuando ésta
se prostituía por necesidad. Forman una extraña pareja, les separan
muchos años pero son felices y están enamorados. Un día acude a su casa
el señor Benigno Sáez de Heredia, un poderoso industrial y hombre del
Régimen, cuya presencia les causa una gran ansiedad a los dos: Patro le
había conocido como cliente y Miguel conoce su poder dentro del Régimen.
Sáez de Heredia le pide que busque el lugar donde se enterró a su
sobrino Pau, un joven anarquista muerto hace doce meses, a cambio de un
suculento pago. Miquel comienza a investigar y sigue las pocas pistas
que tiene. Finalmente descubrirá que lo que le contó Benigno Sáez tiene
poco que ver con la realidad. Al descubrir la verdad, Mascarell se da
cuenta de que sabe demasiado y que su cliente no podrá dejarle marchar
cuando cierre el caso…

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